“La soledad es un peso que me hunde”
“La soledad me desgarra las entrañas”
“La soledad es vacío, un agujero negro en mi interior que aspira todo mi ser y que me deja completamente seca, vacía”.
Sea cual sea tu soledad, ES TUYA, es tu manera de vivir esa carencia física, esa carencia afectiva, esa carencia social, familiar, esa carencia de lo que sea. Es tu soledad, eres tú, y por tanto es oro para mí.
La soledad…duele
A veces como un suave murmullo en mi interior,
a veces desvastadoramente como Atila.
A veces es predecible y me adelanto a ella,
a veces es humillantemente inesperada.
Y siempre tan dolorosa.
¡No!, no siempre es dolorosa, porque hay ocasiones en que es tan terroríficamente dolorosa que nos anestesiamos para no sentirla, y se consigue, sí, … pero es como quedarse muerto… así que yo he llegado a la conclusión de que prefiero sentirla a no sentirla, por duro que sea, por duro que sea incluso pensar en la muerte, en lo descansado que sería morir, prefiero sentirla, esa soledad, porque entonces sé que soy persona y no un mecánico robot. Y la dejo salir en forma de lágrimas, de silencios, de escritura a veces. La tuya puede salir en forma de enfados, de gritos, de actividad física, de trabajo desmesurado, de cualquier forma, pero sácala. SIÉNTELA y sácala.
¿Y tiene fin?, te preguntarás, ¿se acabará algún día?
No, honestamente creo que no, se acaba sólo hasta que vuelve a empezar.
El ser humano está hecho para vivir en compañía.
Esto es algo que me ha costado mucho aceptar, pero ahora estoy totalmente convencida de ello, de que el hombre necesita otro para existir, por eso nos dejan tan vacíos esa ausencia, ese no haber alguien y la palabra NADIE. Entonces es cuando aparece el dolor. Débil o fuerte el dolor es la voz que nos dice que es hora de moverse. Y si sabemos hacer caso (que no siempre sabemos o podemos) entonces buscamos cómo cubrir esa carencia que nos produce tanto dolor. Y la cubrimos. La carencia se llena, estamos tranquilos. Hemos aprendido, nos hemos construido. Pero la vida en su movimiento nos va trayendo buenos y malos momentos, nuevas carencias que cubrir, por eso nuevas soledades que sentir. El dolor vuelve a empezar.
Acepto mis soledades como parte de mí, como parte de que mi vida se mueve, y ¡¡detesto tenerlas!!, detesto sentir su dolor, su peso, su desgarro infinito y su vacío, pero reconozco que, en lo más hondo de mi ser, la soledad me habla de que por ser capaz de sentirla soy una persona de carne y hueso, en un mundo lleno de personas como yo, de carne y hueso,
me habla entonces de que por ser persona pertenezco a un mundo de personas y, puede parecer una tontería, pero ese sentimiento de pertenencia a algo … me reconforta … y me hace sentir menos sola.
He hablado de la soledad y de su dolor, pero es cierto que muchas veces la soledad es elegida!, que estar solo es lo que más nos conviene en un momento dado, o en una temporada dada o, por qué no, para un tiempo indeterminado. Si es así, si es porque lo has elegido, entonces no hay más que hablar… estás solo y tan feliz.
(Sólo una recomendación: no dejes que tu decisión sea para siempre, revísala de vez en cuando, porque a veces ponemos el piloto automático, no nos damos cuenta que nuestro alrededor ha cambiado y lo que en un momento ha tenido sentido, luego deja de tenerlo).

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